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El páramo más grande del mundo está más cerca de lo que crees (y guarda 4 misterios)

4 minutos de lectura Cordillera Oriental

A pocas horas de una de las metrópolis más pobladas de Sudamérica existe un desierto verde de más de 140.000 hectáreas donde el silencio es absoluto y la niebla borra cualquier rastro de civilización.

Vista de la Cordillera Oriental desde el páramo de Guasca, con el valle abriéndose entre farallones
La Cordillera Oriental vista desde la reserva, en Guasca. El mismo sistema de alta montaña que más al sur forma Sumapaz.

Colombia tiene la mitad de los páramos del planeta, y el páramo más grande del mundo queda a un par de horas de Bogotá. Estas son cuatro cosas que casi nadie cuenta sobre él.

Sumapaz: el gigante desconocido

Ubicado en la Cordillera Oriental de los Andes colombianos, el Páramo de Sumapaz es la extensión de páramo más grande de la Tierra. Cubre más de 142.000 hectáreas protegidas y actúa como el principal regulador hídrico de la región central del país.

Para dimensionarlo: es más de veinte veces el área urbana de una ciudad intermedia, sin una sola calle. Y una parte de él pertenece administrativamente a Bogotá, que es de las pocas capitales del mundo con un páramo dentro de sus límites.

El origen de la vida según los muiscas

Para los pobladores originarios, las lagunas glaciares del páramo no eran depósitos de agua: eran portales al inframundo y el lugar sagrado de donde nació la humanidad. La leyenda de la diosa Bachué, que sale de la laguna de Iguaque para poblar la tierra y regresa a ella convertida en serpiente, es la versión más conocida.

De ahí se desprende algo que hoy suena a política ambiental: el páramo era un santuario inalterable, un lugar al que se subía a ofrendar, no a vivir. No se construían viviendas allí. Los muiscas habitaban más abajo y dejaban la alta montaña en paz.

Quinientos años después, la conclusión es la misma. La ciencia llegó por otro camino —el suelo de turba, el agua, el carbono— a la recomendación que los muiscas ya aplicaban: al páramo se entra con cuidado y no se ocupa. Lo contamos en los cinco datos del páramo.

Las lagunas «que se enojan»

Hay muchos relatos de caminantes y guías que afirman lo mismo: cuando alguien grita o hace ruidos fuertes cerca de lagunas de alta montaña como Guatavita o Chingaza, el clima cambia en cuestión de minutos y todo queda cubierto de niebla densa y lluvia.

Lo que ocurre de verdad es que el clima de alta montaña cambia así por su cuenta: la niebla asciende de los valles y cubre una cuenca entera en minutos, llueva o no llueva. Nadie ha demostrado que gritar lo provoque. Pero cuando el cambio llega justo después del grito —y a esa altura llega seguido—, la coincidencia se queda en la memoria y el relato se transmite.

Vale la pena conservar la costumbre igual, aunque sea por otra razón: el silencio es la única forma de escuchar el páramo, y de que la fauna no se vaya antes de que llegues.

El agua que se bebe abajo nace arriba

El cuarto misterio es el menos misterioso y el más importante: el páramo es invisible para la ciudad que depende de él. Más del 70% del agua potable de Bogotá nace en estos ecosistemas, y aun así casi nadie que abre la llave sabe cómo es el lugar de donde viene.

Sumapaz y Chingaza no son paisaje: son infraestructura. La diferencia es que esta no se puede reconstruir si se daña.

Dónde ver uno sin ir hasta Sumapaz

Sumapaz tiene acceso restringido y buena parte del año está cerrado o requiere permisos. La buena noticia es que no hace falta llegar hasta allá para entender el ecosistema: el corredor de Chingaza, en Guasca, tiene el mismo suelo, los mismos frailejones y las mismas lagunas de origen glaciar, a menos de dos horas de Bogotá.

Aquí también cambia de estación dos veces al día: eso lo contamos en la vida extrema en el páramo.

Caminarlo en Guasca

Renasie es una Reserva Natural de la Sociedad Civil en el páramo de Guasca. Recibimos grupos pequeños, por senderos establecidos, con guianza que interpreta lo que se está viendo: por qué ese suelo esponjoso guarda agua, por qué ese frailejón lleva tres siglos ahí.

Puedes venir por el día en una caminata con almuerzo campesino, o quedarte a dormir con Páramo por una Noche y ver la niebla llegar al atardecer.

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